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TOXICOLOGÍA FORENSE III

Disolventes Aromáticos.

Benzol o benceno:

Usos: Destilación de la hulla, industria del caucho, industria de pintura de secado rápido, extracción de grasa y limpieza en seco, materia prima en la industria química, fabricación de colas y adhesivos, impresión por técnicas de helio y fotograbado.

Examen hematológico: Anemia hipercrómica, leucopenia con agranulocitosis, trombocitopenia.

Examen de Anatomía Patológica: Signos de asfixia, anemia, alteraciones hepática, miocárdica y suprarrenal. Alteración de médula ósea.

Tolueno (homólogo del benzol):

Usos: Disolventes de grasas, pinturas, lacas y pegamentos. Obtención de sacarina y nitrotolueno.

Órganos afectados: Sistema Nervioso, riñón, piel.

Monoclorobenzol:

Usos: Obtención de fenol, anilinas y DDT. Fabricación y estabilización de pinturas y tintas.

Órganos afectados: Sistema nervioso, hígado y riñón, tejido hematopoyético y ojos.

Investigación de Nitro y Amino Derivados de Hidrocarburos aromáticos.

Usos: Explosivos, colorantes sintéticos, fabricación de insecticidas y herbicidas, industria química y farmacéutica, industria del caucho, industria fotográfica.

Derivados nitrados de los hidrocarburos aromáticos:

  1. Dinitrobenceno.
  2. Trinitrobenceno.
  3. Dinitrotolueno.
  4. Dinitrofenol.
  5. Trinitrofenol.
  6. Dinitro-ortocresol.

Nitrobenzolismo:

Formas de intoxicación:

  1. Profesionales: Obtención de colorantes nitrados, industria del caucho, fabricación de explosivos, empleo en perfumería (fabricación de jabones), esencia de almendras margas.
  2. Accidentes domésticos: Esencia de trementina, fabricación de barnices y abrillantadores. Uso en fotografía como revelador.
  3. Alimenticias: Ciertos licores a los que se les adiciona mononitrobenceno en sustitución de esencia de almendras amargas.

El examen de Anatomía Patológica es característico:

  1. Examen externo: cianosis apizarrada, con tinte ictérico o subictérico. Livideces de color oscuro, marrón (por metahemoglobina).
  2. Signos de asfixia: Sangre fluída, congestión venosa generalizada, manchas equimóticas en mucosas de esófago y duodeno. Lesiones hepatorrenales.

Investigación Toxicológica:

  1. En el vivo: Muestras de sangre y orina. En sangre investigación cuantitativa de metahemoglobina.
  2. En el cadáver: Muestras de vísceras.

Derivados aminados de los hidrocarburos aromáticos:

Anilinas (homólogos de toluidinas y xilidinas). Derivados de sustitución (metilanilinas, dimetil anilina, etilanilina). Naftilaminas. Parafenilendiamina. Bencidina.

Fuentes de Intoxicación: Materias colorantes para telas, cueros y peluquería. Base de productos farmacéuticos (acetanilida, fenacetina, sulfamidas). Industria de explosivos e industria química.

Examen de Anatomía Patológica similar al nitrobenceno.

Investigación Toxicológica.

Estudio Toxicológico y Médico Legal del Alcohol:

El alcohol etílico o etanol es un líquido aromático y combustible que procede de la fermentación de sustancias azucaradas, del almidón y de la celulosa. Constituye el elemento activo (unido, a veces, a otros principios también tóxicos) de las bebidas espirituosas o alcohólicas.

El alcohol etílico puede dar lugar a una intoxicación común, accidental o voluntaria, y a una intoxicación profesional.

La intoxicación común es el resultado de la ingestión de bebidas alcohólicas en cantidad variable, bien de forma esporádica, bien de forma habitual; puede dar lugar a accidentes tóxicos agudos, en el primer caso, ó crónicos, en el segundo.

Las intoxicaciones agudas presentan formas leves, habitualmente conocidas como ebriedad o embriaguez, de escaso interés clínico, pero con una importancia criminalística y médico legal extraordinaria. Las formas graves de la intoxicación alcohólica aguda son excepcionales, si bien en algunos casos pueden constituir la causa de la muerte.

Las intoxicaciones crónicas poseen una gran resonancia clínica y psiquiátrica, dando origen a síntomas somáticos de suma trascendencia (gastritis, dispepsias, miocardosis, cirrosis, etc.), así como a cuadros psíquicos de variada entidad (delirium tremens, alucinosis alcohólica, celotipia, demencia, etc.). Su estudio encuentra un lugar más apropiado en la Patología Médica y en la Psiquiatría, respectivamente.

La intoxicación profesional es debida a la inhalación de vapores de alcohol en ambientes de trabajo: refinerías, bodegas, fábricas de sombreros de fieltro, de seda artificial, de pólvora. Los cuadros clínicos, superponibles a los de la intoxicación común, pueden ser asimismo agudos, en general de leve entidad, o crónicos, de mayor trascendencia clínica y social.

Nuestro estudio se va a centrar en la intoxicación alcohólica aguda, con especial atención a los problemas médico legales que plantea en la práctica.

Importancia Médico Legal de la embriaguez.

La embriaguez, o conjunto de fenómenos psicosomáticos resultantes de la intoxicación alcohólica aguda, posee una importancia sociológica, criminológica y médico legal extraordinaria.

La trascendencia social del alcoholismo, en sus diversas manifestaciones, está demostrada por múltiples estadísticas, que señalan sus repercusiones económicas, profesionales, familiares y de toda índole. Sin embargo, juegan aquí intereses de amplios sectores nacionales que impiden la adopción de medidas prohibitivas en su consumo. El fracaso de la famosa ley seca americana es un buen ejemplo. Extenderse en este aspecto del alcoholismo sobrepasaría los límites de nuestro estudio.

Por el contrario, no podemos dejar de ocuparnos de la importancia criminógena y criminalística de la embriaguez, motivo de frecuentes actuaciones médico legales, que dan lugar a variados y difíciles problemas periciales.

Ante todo, globalmente considerado, el alcohol es un factor criminógeno general de primer orden. Está comprobado que los llamados "días criminales" es decir, aquellos en los que estadísticamente es más elevado el número de delitos, corresponden precisamente a los días de intemperancia en el consumo de bebidas alcohólicas. De modo paralelo, aquellas regiones de un país, aquellas ciudades, o aquellos distritos de una población, en el que el consumo de alcohol es mayor, poseen igualmente un mayor índice de criminalidad. Añadamos, como demostración experimental, que todos los intentos de restringir el consumo de bebidas espirituosas se traducen siempre en un descenso del número de delitos.

Pero además, el alcohol, engendra de modo específico determinados delitos, cuya frecuencia experimenta unos incrementos acusados en los días de consumo alcohólico. Entre estos delitos merecen mencionarse: las riñas y altercados, las alteraciones del orden público, las lesiones y aún los homicidios, los insultos, la rebelión y la desobediencia. Lugar destacado merece los delitos sexuales, en cuya génesis tiene el alcohol un papel desencadenante, demostrado tanto casuística como estadísticamente.

Pero sin duda, la mayor importancia desde el punto de vista numérico, así como por la gravedad de sus consecuencias, corresponde al papel del alcohol en los llamados delitos de circulación o sucesos de tránsito. El gran número de estos y la responsabilidad que incumbe en su producción al alcoholismo, tanto del conductor como de la víctima, ha obligado en todos los países a dictar medidas legislativas especiales, tendientes a su profilaxis y represión.

Fuentes de la Intoxicación Alcohólica.

Las fuentes de intoxicación del alcoholismo agudo están constituidas por las bebidas espirituosas o alcohólicas que, según su grado de concentración en alcohol, se dividen en tres grupos:

Aunque estos distintos tipos de bebidas pueden contener otros elementos que definen sus caracteres organolépticos, en condiciones ordinarias la embriaguez se debe de modo exclusivo al alcohol etílico.

Dosis Tóxicas.

Las dosis tóxicas del alcohol etílico son variables con las circunstancias individuales y, más especialmente, con el acostumbramiento del sujeto. No obstante, la experimentación y la clínica permiten conocer los valores medios de su toxicidad, aún cuando sólo sea a título de orientación.

La ingestión de 1.20 a 1.50 gramos de alcohol por kilo de peso produce embriaguez en las tres cuartas partes de los sujetos. Superadas estas cifras la embriaguez es la regla, pero si la cantidad ingerida llega a 5 o 6 gramos por kilo de peso la intoxicación puede ser mortal.

Precisando más diremos que 0.75 gramos de alcohol por kilo inducen transtornos en la conducta, cuando se trata de funciones delicadas; cantidades de 1.50 a 2.35 gramos de alcohol por kilo de peso provocan un cierto grado de embriaguez, sobre todo en individuos no acostumbrados; dosis superiores a 2.35 gramos por kilo de peso conducen a la embriaguez, incluso a los sujetos bebedores habituales; si la dosis llega a 3.15 gramos por kilo de peso los fenómenos de ebriedad son graves en todos los sujetos. Las dosis mortales son siempre superiores a los 4 gramos por kilo de peso, excepto en los niños que tienen una mayor sensibilidad.

Teniendo en cuenta la concentración alcohólica de las distintas bebidas, puede calcularse la cantidad de estas que corresponden a los datos expuestos. Suponiendo un vino con un 10% de alcohol o un licor de 40º, un hombre de 70 kilogramos experimentaría síntomas de embriaguez en mayor o menor grados tras la ingestión de cantidades de vino comprendidas entre 1 y 2 litros, o de licor comprendidas entre 250 y 500 cc. Si se ingieren los dos litros de vino o el medio litro de licor, cualquier individuo de tal peso presentará graves fenómenos de embriaguez. Para producir la muerte debería ingerir 3.5 litros de vino ú 850cc. del licor.

Metabolismo del alcohol etílico.

El alcohol se absorbe, de ordinario, por la vía digestiva. Se inicia en el estómago, en donde tiene lugar en su mayor proporción, y se continúa en el intestino delgado. La rapidez de esta absorción depende de varios factores:

  1. La cantidad de alcohol ingerido.
  2. La división de dicha cantidad en varias libaciones.
  3. El grado alcohólico de la bebida ingerida.
  4. La presencia, y su naturaleza, de los alimentos que haya en el estómago.
  5. El acostumbramiento del sujeto.

Inmediatamente después de la ingestión, se inicia la absorción a través de la mucosa digestiva, pasa a la vena porta, atraviesa el hígado y se derrama en la circulación general sanguínea y linfática. Se trata de un simple proceso de difusión que se continúa cediendo la sangre el alcohol a los tejidos. En este proceso se observa como la concentración del alcohol en la sangre aumenta rápidamente después de la ingestión; aumento que se mantiene, pues aunque en virtud de la difusión lo va cediendo a los tejidos, tal cesión viene compensada de sobras con el nuevo paso del alcohol que sigue absorbiéndose. Llega, no obstante, un momento en que se equilibran la absorción y la difusión, con lo que la concentración se mantiene uniforme. En este momento, llamado de equilibrio de difusión, la difusión del alcohol en el organismo es bastante uniforme, con diferencias entre los diversos tejidos que dependen de su riqueza en agua.

Conforme va llegando el alcohol a los tejidos se inicia el proceso de detoxicación, constituido por oxidaciones sucesivas que transforman inicialmente el alcohol en acetaldehido, después en ácido acético, para terminar en bióxido de carbono y agua; en este proceso se desprenden 7.2 calorías por gramo de alcohol. Desaparecido parte del alcohol de los tejidos, la sangre lo difunde nuevamente hasta volver a alcanzar nuevamente el equilibrio de difusión que se rompe una vez más por destrucción oxidativa, con paso acto seguido de alcohol sanguíneo. Este factor, oxidación tisular, se añade a la estructura de cada tejido (con su respectiva riqueza en agua) para determinar la cantidad de alcohol que presenta en un momento determinado. Según su concentración alcohólica a los largo de todo el proceso metabólico, los humores y tejidos pueden clasificarse en un orden:

Sangre > Cerebro y riñones > Pulmones y corazón > Paredes duodenales > Músculos estríados > Hígado.

En un lugar sensiblemente distanciado figuran dos tejidos: el tejido adiposo y el tejido óseo, cuya proporción en alcohol es mínima.

Las investigaciones fundamentales de Mellamby, Widmark, Nicloux, confirmadas reiteradamente, han demostrado que el proceso oxidativo tiene lugar a una velocidad uniforme, con un ritmo regular, independientemente del trabajo muscular, del frío ambiente y aún de la concentración alcohólica en tejidos y humores. Ello ha permitido calcular el coeficiente de etiloxidación, con el que se expresa la cantidad de alcohol quemado por minuto y kilogramo de peso. Dicho coeficiente es prácticamente igual en todos los hombres, con muy escasas diferencias individuales. Las diferencias según el sexo son más acusadas. Según Widmark, este coeficiente, al que se le asigna la letra griega "beta", tendría los siguientes valores:

En el hombre : 0.0025 gramos (± 0.00056)

En la mujer : 0.0026 gramos (± 0.00037)

Parece bien demostrado que estos valores se incrementan considerablemente (hasta un 20%) como consecuencia del acostumbramiento. Esto explicaría, al menos en parte, la mayor capacidad para beber de los alcohólicos respecto de los abstemios.

El proceso metabólico del alcohol se reduce, pues, a estos pasos: absorción, difusión, oxidación. El elemento intermediario es la sangre, cuya concentración alcohólica, una vez establecido el equilibrio de difusión, indica la marcha del proceso, e indirectamente el estado clínico del sujeto. Dicho de otra forma, si los efectos clínicos del alcohol dependen de la cantidad de éste presente en los tejidos y la misma determina la alcoholemia existente en cada momento, el estudio de la concentración del alcohol en sangre y la curva alcoholémica tendrá un evidente valor diagnóstico médico legal.

Mecanismo de acción.

A dosis fisiológicas el alcohol contribuye a la producción de calor orgánico. Pero, sobrepasada dicha dosis, dando ocasión a impregnar a los tejidos, tiene un efecto narcótico que depende de su liposolubilidad, en virtud de la cual se fija en los lipoides cerebrales. La acción de las células nerviosas, como sucede con los demás narcóticos, es difásica: provoca inicialmente una excitación de los centros nerviosos, que va seguida de su depresión.

Diagnóstico Médico Legal de la Embriaguez.

Para responder a las diversas exigencias judiciales respecto a la embriaguez, el perito debe establecer no sólo la naturaleza del cuadro clínico y su profundidad, sino también su origen. Dispone para ello de métodos clínicos y de métodos bioquímicos.

Métodos clínicos:

Varias dificultades se oponen al diagnóstico clínico de la embriaguez. Ante todo, no existe ningún síntoma aislado que sea peculiar del alcohol. Por otra parte, la resistencia individual frente al tóxico es muy variable, por lo que el juicio, en cada caso concreto, debe de ser prudente y nunca generalizador.

Según la British Medical Association, a los efectos médico legales debe considerarse embriagado a la persona que se encuentra bajo la influencian del alcohol en grado tal que haya llegado a perder el control de sus facultades, de modo que resulta incapaz de ejecutar con acierto su ocupación habitual. Para establecer dicha influencia, deben aplicarse pruebas clínicas que determinen los siguientes puntos:

  1. Si la persona de referencia ha consumido recientemente alcohol.
  2. Si la misma está bajo la influencia del alcohol en tal grado que haya perdido el control de sus facultades.
  3. Si este estado puede ser debido, total o parcialmente, a una condición patológica que origine síntomas análogos o similares a los de la intoxicación alcohólica.

Pruebas de consumo reciente de alcohol.

La única prueba práctica a este respecto es el olor a líquidos alcohólicos en el aliento y en las materias vomitadas en su caso. Tiene, sin embargo, las siguientes salvedades: la intensidad del olor varía mucho con la naturaleza del líquido consumido, así como con el tiempo transcurrido desde la ingestión; algunas sustancias pueden desfigurar, atenuar o intensificar tal olor; por último, dicha percepción depende de la sensibilidad olfatoria de quien lo explora.

Pese a estas reservas, si no hay olor a líquido alcohólico en el aliento de un sujeto reconocido dentro de un plazo razonable después de su arresto, es improbable que haya consumido alcohol recientemente.

Pruebas de la pérdida del control de las facultades.

No existe ninguna prueba aislada que, tomada en si misma, justifique al médico a decidir que la cantidad de alcohol consumida ha originado la pérdida del control de sus facultades a la persona examinada. Una conclusión correcta sólo puede lograrse considerando una combinación de varias pruebas y observaciones, tales como las siguientes:

Estados Patológicos capaces de simular una intoxicación alcohólica.

El diagnóstico deberá de hacerse a través de una anamnesis minuciosa, la exploración física completa de los principales sistemas orgánicos, con las pruebas funcionales pertinentes, y los exámenes complementarios de laboratorio.

Métodos Bioquímicos.

Consisten en la dosificación del alcohol en la sangre o en otros humores orgánicos, de donde deducir la impregnación alcohólica del organismo. Ciertamente la correlación entre el estado clínico y el grado de impregnación alcohólica no es absoluta, como ya se ha señalado, en virtud de ciertas diferencias individuales, tanto en el sentido de una mayor susceptibilidad a los efectos del alcohol en unos sujetos, mientras que otros exhiben una tolerancia superior a la media.

Pese a todo, las múltiples determinaciones realizadas han permitido comprobar que tales diferencias son, en general, escasas, por lo que no afectan sensiblemente a los resultados. Por otra parte, la interpretación de estos, se hace de forma suficientemente amplia para cubrir las mayores diferencias individuales.

Los métodos bioquímicos pueden dividirse en métodos incruentos (determinación del alcohol en el aire espirado, alcotest Drager, Alcometer Bench) y métodos cruentos (método de Truhaut Boudene, método espectrofotométrico, método de ADH, cromatografía en fase gaseosa).

Valoración Médico Legal de la Alcoholemia.

La interpretación médico legal de las cifras de alcoholemia se hace con la más exquisita prudencia, para cubrir las posibles diferencias individuales de sensibilidad frente al alcohol. Por otra parte, teniendo en cuenta que los métodos químicos dosifican como alcohol las sustancias reductoras volátiles presentes en la sangre, no se toman en consideración las cifras analíticas bajas que pudieran corresponder a éste origen. En efecto, Lofthum empleando el método de Widmark, ha encontrado en la sangre de sujetos sanos abstemios un 0.1 por 1,000 de sustancias reductoras. Wenger, con el método de Nicloux, encuentra, en casos de diabetes hasta 0.35 gramos por 1,000; cifra que según el mismo autor puede llegar al 0.48 por 1,000 después de un consumo grande frutas. Maricq señala que ciertos fármacos (en especial en la narcosis), alimentos mal conservados e incluso ciertas intoxicaciones profesionales, pueden falsear los resultados.

De acuerdo con estos principios, las conclusiones generalmente aceptadas, en cuanto a la valoración médico legal de la alcoholemia, son las siguientes:

  1. Una alcoholemia inferior a 0.5 gramos de alcohol por mil cc. de sangre no indica necesariamente que el sujeto haya consumido bebidas alcohólicas.
  2. Entre 0.50 y 1.0 gramos de alcohol por mil cc. de sangre, las posibilidades de que haya intoxicación van aumentando, pero sin que pueda asegurarse que existan alteraciones clínicas y en que grado.
  3. En el Perú por encima de 0,50 gramos (en choferes que conducen maquinas profesionales) y de 0.7 gramos por 1,000 cc. (en choferes particulares) se considera de acuerdo a los nuevos dispositivos legales vigentes.
  4. Una alcoholemia comprendida entre 1.0 y 2.0 gramos por 1,000 se corresponde con la fase ebriosa de la intoxicación alcohólica, pero para ser valorada jurídicamente debe ir acompañada de los correspondientes signos clínicos de la intoxicación. Dicho de otra manera, debido a las diferencias individuales en el modo de responder al alcohol, con estos valores no hay seguridad de cual era el estado del sujeto y por ello deben coincidir los datos clínicos y los bioquímicos para establecer el diagnóstico de embriaguez.
  5. Por encima de 2 gramos de alcohol por 1,000 cc. de sangre puede afirmarse la realidad de la embriaguez, aún en ausencia de todo dato clínico.
  6. Cifras alcoholémicas de 4 a 5 gramos por 1,000 cc. se encuentran constantemente durante el estado de coma alcohólico.
  7. Finalmente, la mayor parte de los autores coinciden en aceptar que valores alcoholémicos superiores al 5 por 1,000, demostrados en el cadáver, justifican el diagnóstico de muerte por alcoholismo agudo.

Como se ve el punto de polémica corresponde a los valores de alcohol en sangre comprendido entre 0.5 y 2.0 gramos por 1,000. En efecto, para estas cifras todas las posibilidades entran en juego. Sujetos con gran susceptibilidad a los efectos del alcohol pueden presentar estados graves de embriaguez con total incapacidad para conducir un vehículo, mientras que otros, con una tolerancia al alcohol superior a lo normal, apenas acusarían los efectos de la bebida y podrían conducir un vehículo, mientras que otros con una tolerancia superior a la normal, apenas acusarían los efectos de la bebida y podrían conducir un vehículo automóvil con una seguridad normal. Las mismas consideraciones podrían hacerse para otras situaciones jurídicas: riñas, lesiones personales, accidentes de trabajo, etc.

Por ello, cuando se dan estas cifras, el resultado bioquímico debe completarse con el diagnóstico clínico. O lo que es lo mismo, dadas las limitaciones de la práctica, con los datos testificales sobre su comportamiento, conducta y estado, para formar un juicio médico legal sobre la presencia o ausencia de embriaguez y su grado.

Alcohol como modificador de la responsabilidad criminal.

Todo individuo que en el momento de la comisión de los hechos tenga una alcoholemia superior a 2 gramos por 1,000 debe considerarse bajo los efectos del alcohol y beneficiarse del atenuante y examinante previstas.

Diagnóstico de intoxicación en el cadáver.

Cuando se encuentra alcohol en el estómago se plantean dos posibilidades:

Muerte por intoxicación alcohólica.

La concentración letal mínima exigible debe de ser 4.0 gramos.

Variaciones post-mortem del alcohol:

Preservación de la muestra:

Es necesario conocer el tiempo de sobrevida.